sábado, 7 de junio de 2014

Pero qué quieres, así es la vida...

Entré al Asilo como de costumbre, cerca de las 5  de la tarde, en el pasillo principal una anciana en silla de ruedas se encontraba a la mitad avanzando lentamente, - ¿Puedo ayudarle? le pregunté, volteó despacio a verme, - Sí, pero primero ¿Puedes tirar esto?- y me dio una servilleta enrollada que llevaba entre su mano arrugada, busqué el basurero más cercano donde depositarla y me dirigí a ella nuevamente, "Quiero ir a descansar a mi cama" exclamó con una voz suave y cansada.

Primero la llevé al baño. "Espérame aquí y luego me llevas a mi cama…" - Dijo.
Observé. Su cama era la última del dormitorio, la que estaba en el rincón, destendida y un poco sucia, nos acercamos al borde, ella comenzó a acomodarse y con un lamento se subió poco a poco acostándose al revés y sobre su lado derecho, me pidió que le detuviera los pies para que pudiera acomodarse, una serie de expresiones de dolor acompañaron el momento en que ella intentó subirse a la cama "Sagrado corazón, Dios mío, cuanto dolor siento..." repetía una y otra vez. 
"Por favor, por favorcito no sueltes mis pies" me decía, los detuve entre mis manos para luego subirlos a la cama, me pidió quitarle unas pantuflas - al parecer muy viejas-  que llevaba en sus pies ligeramente hinchados. 

No había ruido. Se recostó con un gran suspiro, y una pequeña lágrima salió de sus ojos. Su cuerpo y rostro extremadamente delgados se acomodaron a la cama, tenía puesto un suéter blanco, percudido, que le quedaba grande  y un fondo blanco en vez de falda, de su cabello blanco y largo se quitó una peineta azul, luego se quitó los lentes y me pidió que los guardara en el cajón de junto, en donde sobraba espacio para guardar sus algunos accesorios (al parecer los únicos y que posee).

Su rostro mostraba dolor, su ojo izquierdo permanecía cerrado y sólo podía entreabrir el derecho para verme. Me observaba detenidamente, y yo a ella, su piel color miel tenía manchas oscuras por todos lados, solo tenía algunos dientes, sus labios y cejas apenas se distinguían, cada línea de aquel cuerpo enmarcaba una arruga. 
- “¿Ya mero te vas?” me preguntó. 
-No, si quiere la acompaño un rato,-
-"Ándale sí... No, si cuando yo llegué aquí estaba muy buena y sana, subía las escaleras... pero ahora, mírame como terminé" comenzó a platicarme  mientras yo me sentaba en una silla a su lado. - ¿Cómo se llama usted? - Ricarda... 
"No me acuerdo porque vine, ni me acuerdo cómo llegué aquí, pero bueno ya aquí estoy”

La señora Ricarda llegó al asilo hace 10 años,  los recuerdos de la vida se reunían en su mente. Me contó que nació en Huajuapan de León donde vivió toda su vida... Se casó cuando tenía veinte años y por azares del destino su esposo murió muy joven " Me quedé sola, Dios no me dio hijos, sólo él sabe por qué",  pero decía que sus sobrinos la visitaban de vez en cuando.

 La plática se tornó amena, Me contó sobre su vida antes de llegar al asilo, aprovechó cada oportunidad para decir que Huajuapan es muy bonito..."Y ahora todos me cuentan que está más bonito todavía... pero ¿De qué me sirve saberlo? si nunca voy a regresar..." 
Después de preguntarme mi edad, me aconsejó además sobre cuidarme, vivir mi vida y disfrutarla, elegir a un buen hombre que me quiera, que me cuide y me respete. No me había percatado de la ficha que estaba arriba de su cama que tenía escrito su nombre y su edad: 102 años, nació el 14 de abril de 1912, veía su ficha mientras ella hablaba y noté que por tercera vez me preguntó mi edad, casi de inmediato leí entre sus padecimientos: Demencia Senil. 


"Pero qué quieres, así es la vida... nunca sabe uno... pero qué bueno que vienes aquí, Dios te lo va a pagar, Él recompensa las buenas acciones, ya veras" 
Repitió más de una vez, al igual que: "¿Y cuántos años tienes?" 

Dentro de la charla me contó el comienzo de sus malestares físicos, de cuando iba a la escuela,  sus viajes, del trato que le dan en el asilo, de cómo conoció a su esposo, de sus hermanos y familia para luego decir con nostalgia: "Cómo quisiera regresar a esa época y vivir con mis papás... yo los quería mucho" y casi de inmediato se contestaba a sí misma  "Siquiera ya disfruté de mi vida, fui muy feliz, ahorita ya no se puede y pues ni modos...ya no queda de otra" 


Me hubiera gustado quedarme más tiempo. Cuando me despedí me dijo "¿Vas a regresar?, ¿Vas a venir a verme?" y tomó con ambas  manos mi brazo derecho hasta tomar mi mano y apretarla... 
- Sí, voy a venir a verla... 
"Bueno, aquí te espero..."

Y tuve que salir de la sala.

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