lunes, 12 de diciembre de 2016

Debo estar atento.

A veces tengo recuerdos que no me pertenecen. Llegué a la ciudad por la obligación de trabajar, tenía como 12 años y pues nada más podía trabajar de gatito, así haciendo chambitas y ayudándole a mi tío Goyo en su puesto de revistas, fue el primero que conocí en la ciudad, estaba sobre Zaragoza esquina con Miguel Cabrera, la verdad me gustaba porque me la pasaba leyendo las revistas, toditas las que yo quería y sin pagar un peso, me hice adicto a esas cosas, cada semana estaba esperando leer Kalimán el hombre increíble y las de Lagrimas y risas, aunque luego mi tío me daba de sapes porque según no ponía atención a lo que hacía… Y la verdad sí, luego daba cambio de menos o de más.

Entonces andaba en mi bici, una que me regaló mi papá para que no lo molestara o fuera a pedirle dinero a su casa después de que se fue con su otra familia. Era una chinga a diario, tenía que madrugar para cuidar el puesto y luego a mi tío se le olvidaba que estaba yo ahí trabajando y me llevaba de desayunar cuando se le pegaba la gana, y eso que yo siempre tenía hambre, por eso agarre la maña de comer hasta acabarme toda la comida cuando había, para asegurarme de tener algo en la panza por si luego ya no me daban de comer. Mi tío me dejaba salir como a las 4 y a esa hora me iba a la escuela, pero eso si cuando me pagaba me iba corriendo a la Sala Versalles y me quedaba en la permanencia voluntaria hasta que me aprendía los diálogos de memoria y me iba a dormir a mi cuarto.

Al lado del puesto había una tortería, cada que yo iba llegando las veía en la vitrina con el quesillo de fuera sobre hojas de lechuga, pero mi tío solo me llevaba papas y frijoles para desayunar. Ahí estaba yo todo triste hasta que un día me volví malo malo y vi que no era tan difícil agarrar el dinero de las revistas para comprarme una de esas tortas, así que empezó la buena vida, un día era de milanesa otro de jamón otro de salchicha roja, como esas tostaditas de a 3 por 10 que venden en el llano. En una de esas me agarré un billete de a 20 y me compré una torta y un jugo, recién le iba dando la primera mordida cuando llegó mi tío y ahí vengo de regreso para mi pueblo…




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