martes, 6 de diciembre de 2016

Principios de mayo.


Fue durante las primeras semanas de mayo, cuando O. nos presentó. Anteriormente ya me había hablado de ti, ese día amablemente dijo que me llevaría a verte, al entrar me presenté. Me preguntaste mi nombre más de una vez. “Jazmín” dijiste, a comparación de aquellos necios que insisten en llamarme “Yazmín” aunque los corrija. Hablaste mucho, sí, me hartaste, tu altivez y sentido del humor fueron un tanto desesperantes para mí, pues  necesito interrumpir y hablar constantemente.
Recuerdo esa tarde en que salimos de la conferencia en el IAGO Alcalá, en algún sillón de un café del centro, platicamos mucho: La escuela, la tesis, las elecciones, el universo, de alguna forma la palabra no dejaba de salir de nuestros labios. Te observé.¿Recuerdas el deslizar de mi vestido azul sobre mis piernas? Sí,  fue apropósito como siempre lo ha sido contigo. Te gusta, lo sé. Fue quizás desde entonces que una ansiedad por tenerte me invadió.
Tiempo después estaríamos entrando a un bar, sentándonos al fondo como dos desconocidos, pronto te acercaste y me dijiste al oído “¿Ahora si puedo besarte?” tomaste mi cintura y con tu enorme mano apretaste mis mejillas para besarme. En una siguiente escena en tu coche tomé tu mano mientras manejabas y la posé en mi pierna izquierda… subiste. Así eran los encuentros, terminábamos satisfechos dispuestos a seguir con la vida, casualmente todas esas veces llovía y las gotas bailaban a nuestro ritmo.

Pero no era solamente eso, no. De alguna manera tú inteligencia siempre me cautivo, en ti encontré el bosque impenetrable de mi infancia, un resumen del mundo. Las cosas pasan por algo dice la gente, que vieja excusa para creer en el destino, o no afrontar decisiones o tal vez si, no lo sé. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario